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¿Dónde encontrarnos? Descubre un lugar de agua y cielo La Comunidad Autónoma de Madrid, alberga a su Sierra Norte, más conocida por la Sierra Pobre de Madrid. Con más de 100.000 hectáreas de extensión, es un vasto territorio cada vez más protegido por su valor ecológico. Si no fuera por estas montañas, la capital tendría poco que beber y casi nada que respirar. Aunque sólo el Hayedo de Montejo y el Parque Natural de los Circos y Lagunas de Peñalara cuentan actualmente con un estatus de reconocimiento acorde a su valor, nadie duda de la vital importancia de la Sierra Norte y del Parque Regional de la Sierra del Guadarrama y en especial del territorio comprendido en el triángulo que forman la localidad de Torrelaguna, el Puerto de la Morcuera y Peñalara. En esta tierra nace y crece el río que da de beber a la ciudad de Madrid y se levantan las montañas que purifican su aire. A ambos lados del río Lozoya podemos encontrar, además de espléndidos melojares, hayedos y fresnedas, un entramado rural que planta cara a la desaparición de su riqueza cultural y de su identidad. Pueblos como los de la mal llamada Sierra Pobre, se resisten a desaparecer pese a la losa de una agricultura poco competitiva y un olvido injustificado, y cuentan además con unos atractivos naturales de primer orden. Parece evidente que estando todo ello a una hora escasa de Madrid, este espacio merecería algo más de reconocimiento. La titularidad de esta zona estuvo en manos segovianas hasta que en 1833, la reforma administrativa otorgó a Madrid varios terrenos de esa provincia, entre los que se encontraban las tierras que aquí describimos. Hasta entonces, el sexmo de Lozoya, fue una unidad administrativa encuadrada dentro de las Comunidades de Villa y Tierra de Segovia; un ejemplo de gestión y cooperación en el que los pastos, los bosques y los ríos eran bienes comunales. Con el final del siglo, la parte más septentrional de Madrid, conoció su etapa dorada. Un desarrollo en el sector ganadero, que sin contar con razas de vacuno destacadas, sí poseía excelentes pastos; unos terrenos fértiles en el fondo de los valles y una riqueza forestal consistente en extensos encinares y melojares utilizados para obtener carbón. Ajena estos trámites, la fauna ha soportado los cambios introducidos en la sierra de manera desigual. Mientras el oso pardo y el lince desaparecieron hace mucho tiempo, el lobo parece animado a recolonizar la Sierra Norte. Estos bosques continúan siendo buenos para herrerillos, carboneros o picos picapinos y también para mamíferos como el jabalí, el zorro o la gineta, especies éstas que se han visto favorecidas por las modificaciones humanas. Allí donde termina el bosque y los rigores del frío intenso y el azote de los vientos modelan la vegetación, dándole forma almohadillada, águilas reales, buitres leonados, acentores alpinos o roqueros rojos demuestran que, aunque pobre, esta sierra sigue viva. Dentro de la Sierra Norte, una de sus divisiones es el Valle Medo del Lozoya, formado por un total son 11 municipios:
El denominador común del abandono poblacional, pero que siguen manteniendo un equilibrio perfecto entre naturaleza y ruralidad. En cuanto a nivel gastronómico, en toda la Sierra Norte destacan el queso de cabra, la miel, los asados en horno de leña, los judiones y la carne de vacuno de la zona. En artesanía: la cerámica, el obraje de paños y los bonsáis con árboles autóctonos. |
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